Para nadie es un secreto que la postemporada se dirige diferente a la campaña regular.
Quienes han intentado seguir en los playoffs en mismo patrón de la temporada, generalmente han fracasado.
Estos son los momentos más sublimes del béisbol y es cuando los managers deben apelar a su instinto, a su sexto sentido, para tratar de sacar el máximo de cada pelotero y de cada situación.
Pero, ojo, algunos entran en pánico y toman las decisiones antes o después de tiempo, que terminan costándole la victoria.
La primera fecha de las series de comodines, con la que arrancaron los playoffs del 2026, dejó dos decisiones que causaron debates inmediatos y cambiaron el rumbo de los partidos.
Mattingly siendo Mattingly
En el choque que abrió la postemporada, entre los Filis de Filadelfia y los Bravos de Atlanta, el director interino de los primeros, Don Mattingly, decidió apelar a su estelar cerrador, Jhoan Durán, tan temprano como en el séptimo inning, cuando su equipo ganaba con pizarra de 3-2.
En primer lugar, los cerradores son hombres acostumbrados a trabajar un episodio, cuando más, dos. Buscar un rescate de tres entradas era pedirle demasiado a un pitcher que en 61 apariciones en el 2026, sólo en una pasó de un capítulo.
En la postemporada, las rotaciones se reducen de cinco a cuatro abridores, mientras que el que ocupó el quinto puesto en toda la campaña, pasa a reforzar el bullpen.
En este caso, Andrew Painter era el indicado para trabajar el séptimo, y entonces, quizás, pedirle a Durán un esfuerzo de dos innings.
Después de retirar la entrada de 1-2-3, con un ponche, en el octavo sacó los dos primeros outs, cuando salió a relucir la sobrecarga de trabajo.
Permitió sencillo de Michael Harris II y dio pelotazo a Ozzie Albies, antes de que Austin Riley, con jonrón, diera vuelta al marcador y sentenciara el partido.
Y lo peor es que esta decisión podría tener consecuencias para el partido siguiente, pues difícilmente el cerrador esté disponible para este miércoles, con los Filis obligados a ganar para forzar un tercero y decisivo encuentro, para evitar irse temprano de vacaciones a casa.
Fue Mattingly siendo Mattingly. Aunque su pasantía por el alto mando de Filadelfia ha sido breve y exitosa, pues tomó a un equipo prácticamente muerto y lo llevó hasta los playoffs, es un hombre de larga experiencia como manager, tanto con los poderosos Dodgers, como con los pobres Marlins de Miami, y siempre terminó marcado por el signo del fracaso.
¿Pánico o sabermetría?
En la otra movida polémica de la noche, Chad Tracy, manager de los Medias Rojas, se apuró demasiado en sacar a su abridor, el zurdo Payton Tolle, y no le tomó prácticamente nada para darse cuenta de su error.
Tolle, novato que le había lanzado muy bien a los Yankees de Nueva York en la temporada, tenía sólo 83 pitcheos, cuando en el quinto, con desventaja de 1-0 en la pizarra, dos outs y bases limpias, Tracy lo sacó para traer a otro zurdo, Erik Miller, a enfrentar a Ben Rice, quien había pegado un doblete y llevaba un ponche ante el abridor.
Rice se encargó de darle una bienvenida irrespetuosa a Miller, al sacarle la pelota por el jardín central, para ampliar el marcador a 2-0.
El manager argumentó que la decisión se debió a que Tolle se mediría por tercera ocasión a la alineación de los Yankees. ¿Entró en pánico o se dejó llevar por la sabermetría?
Una movida similar, típica de las métricas modernas, que no tienen en cuenta el factor humano, ni el ambiente que se genera en la postemporada, le costó la Serie Mundial del 2020 a los Rays de Tampa Bay, cuando el mentor Kevin Cash extrajo a su abridor Blake Snell en el sexto juego, por aquello de que no enfrentara tres veces al line up de los Dodgers de Los Angeles. Lo que vino después es historia.
Evidentemente, nadie experimenta por cabeza ajena. Tracy, premiado con un contrato de tres años, luego de asumir como interino a mitad de la campaña, tendrá que aprender con los golpes, como lo hizo Dave Roberts, después de cometer múltiples errores con los Dodgers en postemporadas.
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