El restablecimiento de relaciones con Cuba, en paralelo con la presión a favor de reformas en la isla, es destacado en la Plataforma del Partido Demócrata 2016 (pp. 39, 50) como uno de los logros del “liderazgo de principios” del presidente Barack Obama.
Como definición de este liderazgo se explica que “cuando Estados Unidos lidera, debe hacerlo como una fuerza basada en principios, a favor de la paz y la prosperidad en el mundo”, con la guerra como “última opción”.
El deshielo con Cuba es citado en la lista de éxitos de Obama junto con el haber evitado otra Gran Depresión económica; haber ajusticiado a Osama Bin Laden e inhabilitado el núcleo dirigente de al Qaeda; haber reparado las alianzas de Washington,y haber bloqueado “sin disparar un tiro, lanzar una bomba ni poner un solo soldado estadounidense en peligro” la capacidad de Irán para desarrollar un arma nuclear.
Cuba es también singularizada en el documento programático de los demócratas al anunciar la política del partido para las Américas, que en el caso cubano incluye poner fin a las sanciones económicas contra el régimen comunista.
“En Cuba, daremos continuidad a la histórica apertura del presidente Obama y pondremos fin a la prohibición de viajes y al embargo. También estaremos del lado del pueblo cubano y respaldaremos su capacidad para decidir su propio futuro y disfrutar de los mismos derechos humanos y libertades que merecen las personas en todas partes”, señala el documento.