En medio de la conmemoración de la Semana Santa, familiares de presos políticos en Venezuela realizaron en Caracas el llamado “Recorrido de los 7 Templos por la Libertad”, una actividad convocada por el Comité por la Liberación de los Presos Políticos para exigir la excarcelación de sus seres queridos.
La iniciativa convirtió una de las expresiones religiosas más tradicionales del catolicismo en un acto de denuncia pública y acompañamiento espiritual.
Madres, esposas, hijos y allegados de detenidos por razones políticas recorrieron varias iglesias del centro de Caracas, elevando oraciones por la libertad de quienes siguen en prisión y por el consuelo de las familias que permanecen en espera.
De acuerdo con la convocatoria, el recorrido comenzó en la Plaza La Candelaria y avanzó por siete templos de la capital.
Para los participantes, la actividad tuvo un profundo simbolismo: acompañar el camino de Jesús hacia la cruz, mientras se encomienda la libertad de los presos políticos y la fortaleza de quienes los esperan fuera de las cárceles.
La jornada también sirvió para visibilizar el drama que atraviesan decenas de familias venezolanas, muchas de las cuales han mantenido vigilias prolongadas frente a centros de reclusión durante más de 80 días.
Se trata de una espera marcada por la incertidumbre, la angustia y la denuncia constante de aislamiento, falta de información y restricciones para ver a sus familiares detenidos.
En ese contexto, el arzobispo emérito de Caracas y Mérida, cardenal Baltazar Porras, envió un mensaje dirigido a quienes atraviesan ese sufrimiento.
“Por la serenidad que hace falta en los hogares de quienes están sufriendo ese tipo de tortura y sus familiares que están esperando, que no quede ninguno muy pronto y que sea pascua también para ellos”, expresó.
La frase resume el sentido de una protesta que, en plena Semana Santa, busca vincular el dolor de la pasión de Cristo con el padecimiento de quienes consideran injustamente encarcelados a sus familiares. Para los organizadores, no se trata solo de una manifestación religiosa, sino también de una expresión de resistencia cívica y de acompañamiento moral.
Los familiares aseguran que el encierro no afecta únicamente a quienes permanecen tras las rejas. También golpea a madres que pasan días enteros frente a una cárcel, a hijos que crecen sin sus padres y a hogares enteros sometidos al miedo, al desgaste emocional y a la espera interminable. Por eso hablan de un “viacrucis” que no solo viven los presos políticos, sino también sus familias.
Según datos de Foro Penal, en Venezuela hay 490 presos políticos, de los cuales más de 40 son extranjeros. La cifra mantiene encendida la exigencia de organizaciones de derechos humanos y de familiares, que reclaman liberaciones y mejores condiciones de reclusión.
En esta Semana Santa, el recorrido por los siete templos dejó una imagen poderosa en Caracas: la fe unida al reclamo de justicia, y familias que, entre oraciones y pancartas, insisten en que la libertad también debe llegar a las cárceles venezolanas.
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