Una encuesta nacional realizada por The Economist y YouGov muestra que la percepción de Cuba entre los estadounidenses sigue siendo mayoritariamente negativa.
Según el sondeo, el 57% de los adultos en Estados Unidos considera a Cuba un país “no amistoso” o un “enemigo”, mientras que solo un 14% la percibe como un aliado o un país amistoso. Cerca de tres de cada diez encuestados (29%) dijeron no estar seguros al evaluar la relación con la isla
El estudio, realizado entre el 9 y el 12 de enero de 2026 a 1.602 estadounidenses, revela además diferencias marcadas por afiliación política.
Entre los votantes republicanos y quienes se inclinan hacia ese partido, el porcentaje que califica a Cuba como un “enemigo” es significativamente mayor que entre demócratas y votantes independientes, quienes tienden más a describirla como “no amistosa” o a expresar incertidumbre.
El sondeo fue replicado en la red social X por el congresista federal republicano Carlos Giménez.
"¡El pueblo estadounidense está de acuerdo! ¡El régimen de Cuba es enemigo de EEUU!", escribió Giménez.
The Economist publicó además un analisis sobre el futuro de la isla, después de la operación militar de Estados Unidos para capturar y extraer de Venezuela al dictador Nicolás Maduro.
Según el texto, el gobierno cubano enfrenta uno de sus momentos más delicados en décadas luego de perder a su principal sostén político y energético.
Durante años, Cuba dependió del petróleo subsidiado de Venezuela, que recibía a cambio de médicos y personal de seguridad. Ese flujo permitió mantener en funcionamiento el sistema eléctrico y generar ingresos mediante la reventa de crudo. Sin embargo, los envíos se redujeron drásticamente con el colapso de la producción venezolana y cayeron casi un 75% entre 2021 y 2025, hasta unos 30.000 barriles diarios. Cuba produce alrededor de 40.000 barriles al día, muy por debajo de sus necesidades.
Otros posibles aliados, como Rusia y China, se han mantenido en silencio, mientras que países latinoamericanos con capacidad petrolera solo actuarían con el visto bueno de Washington, según expertos.
Algunos observadores creen que La Habana intentará ganar tiempo, pero podría verse obligada a explorar negociaciones sobre reformas económicas y presos políticos. “Los cubanos siempre dicen que ponen todo sobre la mesa y nunca lo hacen. Esta vez puede que tengan que hacerlo”, señaló Ric Herrero, del Cuba Study Group a la publicación.
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