Los equipos de emergencia continuaban este martes las labores de búsqueda y rescate en el suroeste de Colombia, un día después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió amplias zonas del país y dejó al menos 240 fallecidos, según el balance preliminar más reciente reportado por las autoridades.
El sismo ocurrió en la mañana del lunes, 10 de agosto, con epicentro en el municipio de San José del Palmar, en el departamento de Chocó, y una profundidad estimada entre 100 y 110 kilómetros. De acuerdo con el Servicio Geológico Colombiano, se trata del terremoto de mayor magnitud registrado en el país en lo que va de siglo. El movimiento telúrico también se sintió en Panamá, Ecuador y Venezuela.
Según datos divulgados por las autoridades locales, la mayoría de las víctimas mortales se registraron en ciudades capitales. Cali encabeza la lista con 95 fallecidos, seguida por Pereira con 70. Mientras, en el departamento del Chocó la gobernación reportó 13 muertos y la destrucción de varias edificaciones en la capital, Quibdó.
Las autoridades también reportan más de mil heridos y decenas de personas desaparecidas o atrapadas bajo los escombros, cifras que podrían aumentar conforme avancen las operaciones de rescate.
Los daños materiales son extensos. Según reportan medios de prensa locales, edificios de varios pisos colapsaron o quedaron gravemente afectados en Cali, Pereira y Quibdó. En Manizales, una de las torres de la catedral histórica sufrió daños estructurales. En Cali, ciudad con más de 2,2 millones de habitantes, se reportaron decenas de edificaciones colapsadas o inclinadas, así como afectaciones en hospitales y otras instalaciones públicas.
En Pereira, las autoridades informaron de severos daños en zonas residenciales y afectaciones en el aeropuerto local, mientras que en Quibdó también se registraron daños significativos en edificios e infraestructuras.
Los balances preliminares señalan que decenas de edificaciones colapsaron y miles de viviendas resultaron afectadas. Además, varios centros de salud y educativos sufrieron daños, mientras que algunas vías permanecen bloqueadas y las operaciones fueron suspendidas temporalmente en al menos seis aeropuertos.
Policías, militares, bomberos y voluntarios trabajan de manera ininterrumpida para localizar sobrevivientes entre los escombros, utilizando maquinaria pesada y operaciones manuales. Ante reportes de saqueos, las autoridades decretaron toques de queda en Cali y Pereira.
El presidente Abelardo de la Espriella, quien asumió el cargo el pasado 7 de agosto, declaró la emergencia nacional y ordenó el despliegue de refuerzos de seguridad para atender la situación. "Nuestra intención es cooperar de todas las formas necesarias. Aquí no hay distinciones ni divisiones ideológicas cuando se trata de defender a nuestro pueblo o mostrar solidaridad", declaró a periodistas el lunes por la noche.
El desastre ha despertado comparaciones con el terremoto de 1999, que afectó la región cafetera colombiana y dejó más de mil muertos. Mientras continúan las evaluaciones de daños y las tareas de rescate, las autoridades advierten que el saldo de víctimas y afectados podría modificarse en las próximas horas.
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